El domingo pasado expliqué el proceso de decisión que sigo para invertir en una empresa, que consiste en cuatro preguntas y una frase, y terminé con una cuenta que no sale: hacerte las cuatro preguntas con una empresa lleva una tarde, y con veinte que quieras tener en cartera no hay tardes suficientes. Te prometí contarte cómo lo resuelvo yo.
La respuesta corta es: con inteligencia artificial. La larga, y sobre todo lo que la IA NO hace por mí, es este correo.
Pero antes, un minuto para quien conozca la IA más de oídas que de uso.
Lo que ha cambiado desde 2022
La inteligencia artificial lleva décadas desarrollándose. Lo nuevo es que, desde que apareció ChatGPT a finales de 2022, ha pasado de ser cosa de unos pocos especialistas a una herramienta que usa cualquiera, en el trabajo, en los negocios o en casa. Usarla también para gestionar nuestras inversiones era cuestión de tiempo.
Mi historia con ella tiene dos etapas. Entre 2022 y principios de 2025 la usé poco, más por curiosidad que otra cosa, casi jugando con la nueva tecnología. Pero a mediados de 2025 me di cuenta de que, trabajando en tecnología como trabajo, si quería seguir siendo competitivo tenía que tomármela en serio. Le dediqué muchísimas horas durante seis meses a aprender a usarla y automatizar buena parte de mi trabajo. Y cada uso nuevo que le encontraba en la oficina me sugería otro en mi vida personal, sobre todo en mis finanzas.
Así que a principios de este año me hice con mis inversiones la misma pregunta que ya me hacía en el trabajo: ¿cómo puedo procesar más información, investigar más y aprender más rápido, con el mismo tiempo y la misma energía que tengo? En resumen: cómo hacer más con menos.
Contrato de honestidad: aún no soy experto en utilizar la IA para invertir
Dicen que para llamarse experto en algo hay que acumular unas 10.000 horas de práctica. En invertir, con humildad, creo que sé de lo que hablo: llevo 25 años haciéndolo. En usar IA para invertir llevo menos de uno. No soy experto, y no me preocupa reconocerlo.
Lo curioso es que no me ha hecho falta serlo. Porque lo que he hecho no es aprender cómo funciona la IA por dentro, sino enseñarle a seguir mi forma de pensar: los pasos que he ido afinando en 25 años para decidir qué compro, qué mantengo y qué vendo y cómo le hago seguimiento a la cartera.
Piénsalo como un asistente muy rápido al que le explicas una sola vez cómo buscar información sobre una empresa, qué pasos seguir para analizarla, cómo calcular cuánto vale y cómo hacerle seguimiento después. Esas instrucciones escritas se llaman “skills” (habilidades, en inglés), y lo bueno es que las escribes una vez y las reutilizas durante años. Las herramientas más conocidas —ChatGPT, Gemini, Claude y otras— permiten trabajar así.
Y encaja muy bien con invertir, porque invertir es un proceso repetitivo. Más o menos, va así:
Buscas empresas que parezcan buenas inversiones.
Te quedas con las que mejor entiendes, calculas cuánto valen y lo comparas con el precio de hoy para decidir si inviertes.
Repites 1 y 2 hasta formar una cartera de 20 o 30 empresas, para estar bien diversificado.
Revisas cada cierto tiempo las que tienes —los resultados, las noticias— para decidir si mantienes, compras más o vendes.
Y vuelta a empezar. Cada uno de esos pasos puede tener su skill de IA.
Cómo lo tengo montado
Este es mi ciclo tal y como funciona hoy, en cinco momentos:
Analizar. Le doy el nombre de una empresa, y la IA busca los datos, me hace mis cuatro preguntas una a una —si no la entiendo, ahí se acaba— y calcula cuánto vale. Si me falta información, me ofrece investigar más.
Dejar escrito el porqué, mi tesis de inversión. Con mis respuestas, redacta la tesis en dos líneas y qué la rompería (para decidir vender), y la guarda en mi registro de decisiones.
Seguir los resultados. Cada semana en la que presentan resultados empresas de mi cartera, me reserva un hueco en el calendario con la tesis de cada una a mano, para releerla.
Antes de vender. Me calcula el impuesto a pagar antes de dar la orden, no después.
Declarar. Con los movimientos que descargo de mi bróker, prepara la parte de la declaración de la renta que corresponde a la cartera y yo solo la reviso con calma y la presento.

Antes y después de la IA
Antes, todo esto vivía en un Excel complicadísimo, con una hoja para la cartera, otra para las empresas que seguía, otra para el diario de decisiones, una por cada candidata que valoraba… Daba para lo que daba. Así ha cambiado:
Valorar una empresa: antes, dos o tres horas. Ahora, en diez minutos tengo una primera versión con información suficiente para decidir si compro o no o si sigo investigando.
Empresas nuevas analizadas: antes, unas doce al año, una al mes. Ahora, entre diez y quince al mes.
La declaración de la renta de la cartera: antes, un fin de semana entero. Ahora, un par de horas.
Ojo, que no las compro todas, ni mucho menos: unas no me convencen, y ni el capital ni el tiempo dan para tanto. Yo, además, ya tenía la cartera formada cuando empecé con esto de la IA. Pero alguien que empiece hoy podría formar la suya mucho más rápido de lo que me llevó a mí: ya no le limitaría el tiempo para analizar, solo su dinero.
Y lo que más ha cambiado no se mide en horas. Antes, como no me daba la vida, repartía el tiempo según el riesgo: le dedicaba más a mis cinco posiciones más grandes y menos al resto. Unas tenían una tesis completísima y otras casi nada; unas las revisaba a menudo y otras casi nunca. Ahora el objetivo es que todas reciban la misma atención y la misma calidad de análisis.
La IA no me ha dado mejor criterio. Me ha dado el tiempo para aplicarlo a todas mis empresas, y no solo a las cinco más grandes.
Tres casos reales
Google. En agosto valoré Alphabet (GOOGL), la empresa dueña de Google, con este proceso asistido por IA. Lo primero que saltó fue una trampa contable: el beneficio del último año era muchísimo mayor que lo que había ganado el negocio, porque incluía la subida en bolsa de otras empresas en las que Alphabet tiene participaciones. Por esa subida no había entrado ni un dólar en caja. Con la cifra contable, Google me salía casi el doble de valiosa que con la del negocio. Y luego llegó la pregunta al revés: para justificar el precio de ese momento, su beneficio tendría que crecer en torno a un 15% al año durante diez años. Eso ya no es una cuenta: es una pregunta sobre el negocio, y la tengo que contestar yo, pero la IA me ayudó a descubrir ese punto ciego que tenía.
Nike (NKE). En mayo vendí mi posición en Nike. Me sigue pareciendo una gran empresa, pero quería dedicar una parte de la cartera a empresas menos maduras, con más potencial de crecimiento durante la próxima década. La vendí con pérdidas, y antes de dar la orden la IA me calculó el efecto sobre el impuesto (IRPF): esa pérdida compensaba ganancias de otras ventas del mismo año. Antes, eso lo habría descubierto al hacer la declaración, con la decisión ya tomada.
Y el seguimiento, que acabo de montar. Hasta ahora leía los resultados de mis empresas según me iban saliendo en redes o en la prensa. Ahora tienen fecha en el calendario: la IA reúne y analiza los resultados y me pone avisos en el calendario en los días apropiados para que yo lea su análisis y decida si mantengo, compro más o vendo. Y cuando toca vender, tener escrito de antemano qué rompería la tesis me quita mucha incertidumbre. Las primeras revisiones que haré con este proceso asistido por IA serán en noviembre.
Lo que sigo haciendo yo
Las decisiones. Ninguna de las skills que he escrito termina con un “compra” o un “vende”, y lo he hecho así a propósito. Le digo a la IA: investiga, analiza, busca patrones, compara la empresa con sus competidores y preséntame un resumen con lo que has encontrado. Con ese resumen, el que decide soy yo.
Lo que he hecho es acelerar mi análisis para poder decidir más rápido. Pero sigo teniendo el control total de mis inversiones.
¿Y se equivoca? Hasta ahora no me ha colado ningún error, pero llevo menos de un año con esto, así que no te la voy a vender como infalible. Precisamente por eso la última palabra no la tiene ella.
Y hay algo que he aprendido con la IA, tanto en el trabajo como con mi cartera: es complaciente. Por alguna razón, su primera respuesta casi siempre te da la razón. Así que, cuando escribas tus skills, dale la instrucción, e insiste mucho en ella, de que te rete. Que si le dices que una acción te parece una buena inversión, no te aplauda: que te haga preguntas y contraste tus respuestas con distintas fuentes reconocidas, para ver si de verdad estás seguro de tu análisis. Te sorprenderán los puntos ciegos que te ayuda a descubrir cuando trabajas así con ella.
Si quieres probar el lunes
Haz lo primero que hice yo. Descarga de tu bróker la composición de tu cartera, pásasela a tu IA de confianza y pídele, sin más instrucciones, que analice tus posiciones. Cuida tu privacidad. Quita antes tu nombre y tu número de cuenta: con el nombre de cada empresa y lo que pesa en tu cartera, le basta para hacer el análisis.
Te va a sorprender. Seguro que desde la primera respuesta verás cosas que estabas pasando por alto, como me pasó a mí: si estás muy concentrado en un sector, si alguna posición es demasiado arriesgada para el conjunto o si hay sectores que no estás aprovechando. Eso sí, úsala para ver lo que se te escapa, no para que te diga qué comprar: esa parte sigue siendo tuya.
Y ahora te pregunto yo: ¿te gustaría poder hacer esto con tu cartera? Contéstame a este correo. Los leo y los respondo todos.
Transparencia: tengo en cartera Alphabet (GOOGL), la empresa de Google, que también es la dueña de Gemini, una de las herramientas de IA que nombro. Nike (NKE) la tuve en cartera y la vendí en 2026; hoy no la tengo. No recibo ninguna compensación ni beneficio por mencionar estas empresas ni las herramientas de IA, no tengo relación con ninguna de ellas y aquí no hay enlaces de afiliado. No es una recomendación de compra ni de venta: son mis decisiones, con mis circunstancias y mis plazos, que no tienen por qué parecerse a los tuyos.
Nos vemos el próximo domingo.
Un abrazo,
Saúl
Este contenido tiene finalidad exclusivamente formativa e informativa y no constituye asesoramiento financiero ni recomendación personalizada de inversión. El autor no está registrado como asesor financiero ante la CNMV. Invertir conlleva riesgo de pérdida del capital. Cuando mencione un valor concreto, indicaré si lo tengo en cartera.