Te voy a confesar algo que, a primera vista, no parece muy útil para ti: yo esas capturas de pantalla ni las leo.
Ya sabes cuáles. El número gigante en verde, la flechita hacia arriba, el “he multiplicado por cinco en tres meses”, el chaval delante de un coche que probablemente esté alquilado. Me aparece, paso el dedo y sigo. No lo pienso, no lo analizo, no siento la tentación. Un segundo, y fuera.
Durante bastante tiempo creí que eso era una virtud personal. Pues no. No es carácter, ni inteligencia, ni sentido común: son veinticinco años metiendo mi propio dinero en la bolsa y viendo pasar las mismas promesas con nombres distintos. El instinto no me vino de fábrica. Lo construí.
¿Y por qué te cuento esto? Porque lo bueno de los instintos construidos es que se pueden desarmar y explicar. Y si tú estás ahora mismo pensando en empezar a invertir —o llevas años con el gusanillo y sin dar el paso— ese reflejo es lo primero que te hace falta, mucho antes de saber qué es un ETF o cómo se abre una cuenta. Porque va a ser también lo primero que te encuentres.
Así que hoy te lo desmonto. Es gratis, tarda cinco minutos en aprenderse y te va a ahorrar mucho más dinero que cualquier acierto de los que puedas tener el primer año.
Lo que mi cabeza comprueba en ese segundo es una sola cosa: lo que la captura NO dice.
No dice el capital. Un 300% sobre 500 euros son 1.500 euros. El porcentaje enorme y la cantidad enorme casi nunca van juntos. De hecho, cuanto más pequeño es el capital, más fácil es enseñar un porcentaje espectacular. Es la razón por la que verás muchos “x5” y muy pocos “he pasado de esto a aquello”.
No dice el tiempo. Un 40% es extraordinario en un año y bastante mediocre en diez. Sin saber cuánto tiempo estuvo ese dinero dentro, el número no significa NADA. Literalmente nada: no se puede ni comparar.
No dice qué pasó con el resto. Nadie publica la captura de la posición que perdió el 80%. Lo que estás viendo no es un historial: es la mejor foto de un álbum que no te van a dejar abrir.
No dice cuánto pesaba. Multiplicar por diez una posición que era el 2% de tu cartera te mueve el patrimonio un 18%. Impresiona muchísimo en la pantalla y casi no se nota en la cuenta. Y al revés: una cartera entera que hace un 12% no da ninguna captura presentable, pero sí construye patrimonio.
Y se falsifica en dos clics. Cuentas de demostración, capturas editadas, o directamente la captura de otra persona.
Y no creas que esto pasa solo en Instagram o en otros países. Entre 2019 y 2020, una empresa española llamada Arbistar prometía a sus clientes ganancias de entre un 8% y un 15% A LA SEMANA, con un robot que supuestamente compraba y vendía criptomonedas por su cuenta. Un 8% a la semana, durante un año, es multiplicar el dinero por más de cincuenta. Cada sábado, los clientes veían en su cuenta lo que habían ganado. El problema es que el robot nunca llegó a funcionar: lo que veían en pantalla eran números sin nada detrás. Unas 32.000 personas perdieron alrededor de 200 millones de euros, y en 2025 la Audiencia Nacional condenó a sus dos fundadores a ocho y seis años de cárcel. Si quieres comprobarlo, aquí tienes el caso contado y aquí la nota del Poder Judicial sobre la condena.
Hagamos un experimento. Imagina que te cruzas con uno de estos finfluencers. Seguro que te suenan sus ganchos: “Cómo ganar un 200% al año con el Forex”, “Inversión en micro-caps” o, el último en llegar, “Cómo descubrir la próxima cripto a punto de estallar”. Con su método —que tiene nombre propio, por supuesto, y se vende en un curso— ha ganado un 300% en un año con una sola posición. Normalmente es una micro-cap, una de esas empresas diminutas que cotizan casi a escondidas y que son el terreno favorito de los vendehúmos. Y vamos a ponérselo fácil: supongamos que es VERDAD. Que la captura es suya, que no está retocada y que no sale de una cuenta de demostración.
Ahora piensa en tu tío. Ese de la familia que lleva décadas invirtiendo sin hacer ruido, y del que te fías. Un domingo, en la sobremesa, le preguntas: “Oye, ¿y cuánto se gana de verdad en la bolsa?”. Se lo piensa un poco y te contesta: “Pues yo creo que lo he hecho bien. Mi rentabilidad anual equivalente, la TIR, va por el 8%”.
Y tú te quedas pensando que tu tío no es tan listo como parecía. Un 8% al año… cuando el otro ha hecho un 300%
Vamos a hacer las cuentas.
El finfluencer metió 500 euros en esa posición. Con un 300% más, se convirtieron en 2.000. Vendió —siempre se vende, que para eso está la captura— y se llevó 1.500 euros de ganancia.
Tu tío empezó con 5.000 euros y desde entonces ha ido metiendo 2.000 euros al año. Ningún año de genialidad: un 8% anual de media, durante cuarenta años. Al final tiene unos 627.000 euros, después de haber puesto de su bolsillo 85.000.
Uno ganó 1.500 euros. El otro, más de medio millón.
Y fíjate en un detalle: los primeros 5.000 euros del tío, ellos solos, se han multiplicado por casi 22. El finfluencer multiplicó por cuatro. El aburrido del 8% también tiene su pelotazo, solo que tarda cuarenta años, nadie le hace una captura y no sale en redes sociales.
Para alcanzarle, el finfluencer tendría que repetir la jugada más de cinco años seguidos, con todo su dinero dentro y sin fallar ni una sola vez. Eso no lo ha hecho, ni lo hará, nadie.
Y para ser justo con los números: esos 627.000 euros son de dentro de cuarenta años, y con la inflación valdrán bastante menos que hoy. Con un 2% anual, unos 284.000 euros de los de ahora. Aun así, tu tío se ha pagado una jubilación tranquila. El finfluencer, unas buenas vacaciones.
Por si suena a manía de señor desconfiado, resulta que el regulador dice lo mismo: la CNMV publicó este año una guía para inversores particulares titulada “Del like a la inversión: qué debes saber de los finfluencers”, y su idea central lo resume mejor de lo que yo sabría hacerlo: la popularidad digital no es un indicador de fiabilidad técnica. Que alguien tenga cien mil seguidores no dice nada sobre si sabe invertir. Dice que sabe conseguir seguidores, que es otro oficio, y bastante distinto.
Y ya que estamos, te digo lo que no vas a ver nunca aquí: el saldo de mi cuenta, ni una captura de mi bróker. Hablo de porcentajes, de años y de decisiones. No es pudor. Es exactamente lo que acabas de leer: si te enseño un saldo, te estoy pidiendo que confíes en un número que no puedes verificar. Si te enseño cómo decido, lo juzgas tú, y eso sí te sirve para tu dinero, que es el único que te importa.
La regla de oro, y si te llevas una sola frase de todo esto que sea esta: si alguien te enseña lo que ganó y no cómo lo decidió, no te está enseñando nada.
Así que esta semana, sin invertir un euro, ya puedes practicar. La próxima vez que veas a alguien presumiendo de resultados —en Instagram, en YouTube o en el grupo de WhatsApp del trabajo— hazte mentalmente estas tres preguntas:
¿Qué rentabilidad anualizada, del periodo completo, contando también lo que salió mal?
¿Cuánto hizo el índice en ese mismo periodo? Porque ganar un 15% el año que la bolsa sube un 25% no es ganar: es perder con buena cara.
¿Qué parte de su patrimonio total era eso?
No necesitas saber de bolsa para usarlas, ni hacerlas en voz alta. Fíjate solo en una cosa: si las respuestas no aparecen por ningún lado, ya sabes lo que tienes delante.
Casi siempre no hay respuesta. Pero cuando alguien sí te la da, con detalle y sin adornos, acabas de encontrar a alguien a quien merece la pena escuchar. Ese es el verdadero uso de las tres preguntas: no sirven solo para descartar. Sirven para elegir.
Y eso, créeme, es una habilidad que te va a hacer falta mucho antes de tu primera inversión.
Te dejo con la idea por la que me he guiado siempre en mis inversiones, la que llevo años predicándoles a mis amigos:
El dinero fácil y rápido no existe. Todo el que lo pregona está mintiendo y tiene una agenda detrás. Por otro lado, la bolsa —ni ninguna otra inversión real— no te va a hacer rico de la noche a la mañana: sentir con seguridad que vas marchando hacia un futuro financiero mucho mejor que si no hubieses invertido toma años y décadas (y mucha paciencia). Pero si eres constante, haces del camino uno de aprendizaje y además desarrollas el hábito de ahorrar e invertir, te aseguro que no solo vas a llegar a la meta financiera que te propongas —en mi caso, el retiro cómodo—, sino que por el camino te vas a divertir. Y además te llevarás la grata sorpresa de que lograrás otras metas financieras y familiares que no habías pensado al principio.
¿Cuál es la promesa de dinero rápido que más te ha tentado, o que más has visto repetirse? Contéstame a este correo y cuéntamelo. Los leo y los respondo todos.
Y si conoces a alguien a quien le pueda servir, reenvíale este correo.
Nos vemos el próximo domingo.
Un abrazo,
Saúl
Este contenido tiene finalidad exclusivamente formativa e informativa y no constituye asesoramiento financiero ni recomendación personalizada de inversión. El autor no está registrado como asesor financiero ante la CNMV. Invertir conlleva riesgo de pérdida del capital. Cuando mencione un valor concreto, indicaré si lo tengo en cartera.