En 2003 abrí mi primera cuenta en un bróker americano online. Mi intención era invertir para el largo plazo, pero al principio me costó verlo como a todo el mundo. Compraba acciones de una empresa, el precio subía o bajaba, y yo sentía que no tenía NINGÚN control sobre lo que pasaba.
Ya había leído en muchos libros y artículos que en el largo plazo el precio de las acciones sigue al valor de la empresa, y sabía al menos la teoría de cómo estimar lo que vale una acción. Pero leerlo no es lo mismo que tenerlo interiorizado. Así que me dije a mí mismo: “tiene que haber otra manera de invertir que no estoy viendo”.
Y la encontré. O eso creí.
Leí Technical Analysis of the Financial Markets, de John Murphy, el libro que muchos llaman la Biblia del análisis técnico. Porque en inversiones, como en casi todo, hay dos grandes escuelas. El análisis fundamental usa los estados financieros para estimar lo que vale una empresa e intentar comprarla por debajo de ese valor. El análisis técnico ignora el negocio por completo: estudia los precios pasados de la acción buscando patrones que supuestamente se repiten, para predecir hacia dónde irá el precio en el futuro.
Pensé que había dado con la piedra filosofal, la que convierte el plomo en oro. Decidí dedicar una parte de mi cartera a invertir con esa metodología. En ese momento no lo sabía, pero había empezado a hacer lo que hoy todo el mundo llama trading.
Te cuento cómo me fue.
Compraba y, un par de semanas después, a veces un par de días, vendía. Unas veces ganaba un poco, entre un 2% y un 5%. Otras perdía, más o menos lo mismo. Así estuve un año entero, porque cuando intento algo nuevo le doy siempre al menos un año. Si después de eso no da resultado, a otra cosa, mariposa.
Al final del año, esa parte de la cartera había perdido alrededor de un 20%.
Y encima, la bolsa estaba subiendo: cualquier periodo de doce meses que empezara en 2003 acabó en positivo para el S&P 500, entre un 7% y un 43% con dividendos. El resto de mi cartera, la que tenía invertida a largo plazo, hizo más o menos lo mismo que el mercado. Por suerte solo estaba probando con una parte.
No sabía ni la matrícula del camión que me había atropellado. Vendí esas acciones, asumí la pérdida y usé el dinero para comprar otras, ahora sí, con visión de largo plazo.
Lo que encontré años después
Siempre me quedó el gusanillo de entender qué había pasado. Así que, algunos años más tarde, analicé una por una todas las operaciones de aquel año, tanto las que gané como las que perdí, buscando mis errores.
La conclusión me sorprendió: no había cometido ningún error. Había comprado y vendido siguiendo al pie de la letra las instrucciones del análisis técnico bursátil. Entonces, ¿por qué había perdido dinero?
No te voy a dar una disertación sobre análisis técnico, pero con dos ejemplos lo vas a ver. Lo que busca esta teoría son patrones que se forman en los gráficos de precios de la acción. Si una acción ha llegado dos veces seguidas a un mismo precio mínimo y ha rebotado, eso se llama doble mínimo, y la teoría dice que lo probable es que, luego del doble mínimo, el precio comience a subir. Si ha llegado dos veces a un máximo y ha caído, es un doble máximo, y lo probable es que luego de eso baje. Otro indicador muy popular son las bandas de Bollinger, dos líneas que se dibujan por encima y por debajo de la media móvil del precio. La lectura más extendida es que, cuando el precio toca la banda superior, tiende a caer, y cuando toca la banda inferior, tiende a subir.
Suena fácil, ¿verdad? Compras en el doble mínimo, vendes en el doble máximo, recoges la ganancia y vuelta a empezar.
Excepto que no siempre funciona. Y asumamos por un momento que la teoría es cierta: aun así, no podrías ganar dinero de forma consistente, porque el patrón es muy fácil de ver en el pasado, cuando ya se ha formado, y ahí ya no te sirve de nada. Lo útil sería verlo antes, y ese es precisamente el problema. La mayoría de las veces, lo que crees que es un patrón formándose no lo es, o se forma semanas después de que hayas comprado o vendido. Mira este caso real con las acciones de Meta Platforms (META), la antigua Facebook, en el año 2022:

A finales de agosto de 2022, Meta tocó casi el mismo precio que un mes antes y rebotó un 5% en dos sesiones. Un inversionista que sepa de análisis técnico, en ese momento gritaría “doble mínimo!”: hay que comprar. Dos meses después, esa compra perdería un 46%.
He elegido este ejemplo a propósito, y hay dobles mínimos que sí salen bien. Ahí está la trampa: el día que compras o vendes, los gráficos de los que salieron bien y el de los que salieron mal se ven iguales.
Ya sé lo que te dirá un experto en gráficos: que había que esperar a la confirmación del patrón y salir pronto con una pérdida pequeña. Puede ser. Pero un 2-5% de “pérdida pequeña” aquí y otro 2-5% allá, operación tras operación, es exactamente lo que me pasó a mí, y en su conjunto terminas perdiendo dinero.
Y no es solo mi experiencia. Una revisión de 95 estudios encontró que 56 daban resultados positivos, pero advertía de que la mayoría tenía problemas, como elegir las reglas ganadoras a posteriori o no medir bien los costes. Y otro estudio con más de un siglo de datos del Dow Jones concluyó que nadie habría podido elegir de antemano las mejores reglas, y que unos costes bajos bastaban para borrar la ganancia. Es decir: en el pasado funcionan. Por adelantado, no.
La regla de oro: un patrón se ve perfecto cuando ya ha pasado, que es justo cuando ya no sirve para nada para ganar dinero.
Lo que aprendí
Lo primero: a corto plazo nadie puede predecir el precio de una acción, ni siquiera los llamados expertos. A largo plazo, el precio sigue al valor real de la empresa. Si el negocio es malo, acabarás perdiendo dinero, punto. Si es sólido, aumenta sus ventas y sus ganancias cada año y ejecuta bien un plan que tiene sentido, sus accionistas ganarán dinero a cambio del riesgo que asumen. La propia Meta recuperó en febrero de 2023 el precio de aquella compra hipotética del ejemplo.
Lo segundo: esto no se aprende en los libros. En 2003 no había vivido ninguna crisis con mi dinero dentro. Desde entonces he pasado por 2008 (-57% en el S&P 500), el COVID (-34%) y 2022 (-25%), y sé de primera mano que el mercado siempre se recupera, y que esas crisis, si controlas tus emociones, son una oportunidad y no una amenaza. Por más libros que leas y más másteres en finanzas que hagas, eso solo se aprende invirtiendo tu propio dinero durante años.
Lo tercero: invirtiendo a largo plazo no hace falta acertar siempre. En mi experiencia, acertando en al menos la mitad de las decisiones, puedes aspirar a la rentabilidad histórica de la bolsa, entre un 7% y un 10% anual según cómo se calcule. Y es difícil que alguien me convenza de que el trading sirve para generar dinero de forma consistente a largo plazo.
Si aun así quieres probar
No te voy a decir que no lo hagas, que yo también lo hice. Pero hazlo como un experimento, con tres reglas:
Solo con una parte pequeña de tu dinero, la que puedas permitirte perder entera.
Ponle fecha: un año completo, no unas semanas.
Compáralo con el índice en ese mismo periodo, con dividendos.
Y si los primeros meses te va muy bien, ojo: es lo más peligroso que te puede pasar. Unos meses buenos no distinguen la suerte del criterio, sobre todo con la bolsa subiendo. Esa es la razón de la regla 3.
¿Has probado alguna vez a operar a corto plazo? ¿Cómo te fue, y qué te hizo seguir o dejarlo? Contéstame a este correo y cuéntamelo. Los leo y los respondo todos.
Y si conoces a alguien a quien le pueda servir, reenvíale este correo.
Transparencia: tengo en cartera Meta Platforms (META) desde hace muchos años. La compra del gráfico es un ejemplo hipotético y no tiene nada que ver con mi posición. No recibo ninguna compensación ni beneficio por mencionarla, no tengo relación con Meta Platforms y aquí no hay enlaces de afiliado. No es una recomendación de compra: es un ejemplo sobre cómo fallan los patrones, y mis decisiones responden a mis circunstancias y mis plazos, que no tienen por qué parecerse a los tuyos.
Nos vemos el próximo domingo.
Un abrazo,
Saúl
Este contenido tiene finalidad exclusivamente formativa e informativa y no constituye asesoramiento financiero ni recomendación personalizada de inversión. El autor no está registrado como asesor financiero ante la CNMV. Invertir conlleva riesgo de pérdida del capital. Cuando mencione un valor concreto, indicaré si lo tengo en cartera.